Tal día como hoy…en 1967

Tal día como hoy  se “descubre” en la Biblioteca Nacional de Madrid un volumen de casi 700 páginas con anotaciones manuscritas y dibujos a mano de Leonardo da Vinci. Se le conoce como los Códices Madrid I-II, y tratan sobre mecánica, estática, geometría y construcción de fortificaciones.

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Están escritos en un italiano dialectal en la característica letra invertida de Leonardo.
En los códices se incluye una relación de libros que Da Vinci utilizó en la época que los escribió: hay una lista de 116, entre los que figuran por ejemplo algunas gramáticas latinas básicas.

Los manuscritos son de gran importancia en la obra de Leonardo, ya que contienen cerca del 15% de las notas de Leonardo que hay referenciadas hoy día, pero también son importantes por la calidad y relevancia de los temas que en ellos recogidos, representan uno de los tratados de ingeniería más importantes de la época.

El Codex Madrid I y el Codex Madrid II son dos cuadernos de notas, diferentes entre sí en cuanto a contenido y a datación.

El primero, Codex Madrid I, es básicamente un tratado de mecánica, compuesto de 12 cuadernillos de 16 folios cada uno. En una fecha imprecisa le fueron arrancados 8 folios, por lo que actualmente se conservan un total de 191. A pesar del predominio de la mecánica, en él podemos encontrar asimismo algunas anotaciones de óptica y de astronomía.

El Códice Madrid I tiene una estrecha correspondencia con el Códice Atlántico, de la Biblioteca Ambrosiana de Milán: una serie de elementos (balanzas, pesos, engranajes, resortes, maquinarias de relojes, tornillos, bisagras, etc.) están esbozados en el Códice Atlántico, y desarrollados en el Codex Madrid, con dibujos de gran detalle y calidad.

También se le han encontrado correspondencias con el Códice Forster y el Manuscrito H del Institut de France, de París.

Se piensa que contiene anotaciones escritas entre los años 1492 y 1497.

El Codex Madrid II por el contrario se asemeja más a un cuaderno de notas. De igual dimensión y encuadernación que el Codex Madrid I, consta de 157 folios. Está datado en una fecha posterior (se estima que entre los años 1503 y 1505), si bien los últimos 17 folios, en los que recogen sus trabajos del “caballo sforzesco” están datados entre los años 1491 y 1493.

Doble página del manuscrito sobre el monumento Sforza.

En este cuaderno de notas podemos hallar una gran variedad de estudios: croquis topográficos, problemas de náutica, arquitectura e ingeniería militar, geometría (en especial, sus estudios sobre la cuadratura del círculo), el vuelo de las aves y algunas notas personales (el listado de libros de su biblioteca o de sus piezas de ropa, por ejemplo).
Además el Codex Madrid II tiene la importancia añadida de guardar gran relación con España, ya que sus dibujos y planos están muy relacionados con la ingeniería militar española de finales del siglo XV. Destaca el conocimiento que tenía de los castillos de la Mota y de Salsas, especialmente este último, situado a pocos kilómetros de la ciudad de Perpignan (actual Francia). Cabe destacar el parecido que guarda uno de sus dibujos con la fortaleza de Salsas.

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Esto nos hace llegar a las siguientes premisas: ¿realizó él mismo los planos de Salses? o ¿le sirvieron de inspiración? De ser así, ¿cómo llegaron hasta él esos planos? El Anónimo Gaddiano, una biografía de Leonardo da Vinci datada en el año 1540, menciona un viaje de Leonardo a Francia y a otros lugares tras su colaboración con César Borgia (que acabó en 1503). Ello tendría lugar hacia 1504, en la fecha aproximada en que comenzaría el Codex Madrid II. A finales del 1504 el castillo de Salses completaba su reconstrucción, tras el asedio francés del año 1503. Fue en este período cuando Leonardo comenzaría a pintar La Gioconda.

Al igual que Charles Nicholl, Fernando Cobos, señala que este manuscrito permite ver la estructura mental de Leonardo que, a diferencia de lo que se cree, se limita a copiar el trabajo de otros: de Francesco di Giorgio Martini, en el caso de la arquitectura militar.

Se estima que el florentino comenzó a poner por escrito sus ideas en la segunda mitad del siglo XV. En total, se conservan unas 7.000 páginas, aunque muchas otras se han perdido. Podemos encontrarlas de tres formas: colecciones encuadernadas (recopiladas tras la muerte de Leonardo), cuadernos y hojas sueltas.

Se piensa que sus cuadernos son anotaciones sobre sus múltiples intereses, en distintos campos del saber, con el fin de ordenarlas y compilarlas para la elaboración de tratados en un futuro (como el célebre Tratado de la Pintura, realizado por su discípulo Francesco de Melzi).

En muchas de sus notas parece dirigirse a un lector imaginario. Tal vez con ellas pretendía realizar una obra enciclopédica, o utilizarlos en lecciones magistrales. De hecho podemos observar un hermoso dibujo, quizás un cartel, con el título “Academia Leonardo Da Vinci”. Desgraciadamente el genio florentino murió antes de plasmar en papel sus ambiciosos sueños intelectuales, dejando atrás sus dispersas y caóticas anotaciones.

LLEGADA A MADRID DE LOS MANUSCRITOS:

A la muerte de Leonardo en 1519, algunos de los principales manuscritos de Leonardo (Códice Atlántico, la Colección Windsor, el Códice Arundel, y los Códices Madrid) fueron heredados por Francesco de Melzi, fallecido en 1570. Pasaron entonces a manos de su hijo Orazio de Melzi, a quien se los compro el escultor italiano Pompeo Leoni. Este se llevó todos consigo a España a fines del siglo XVI, ya que trabajaba en la Corte española, al servicio del rey Felipe II.

Tras su defunción en 1610, este conjunto comenzó a dispersarse. Algunos de los cuadernos que estaban en su poder pasaron a manos de distintos compradores extranjeros (entre ellos el rey Carlos I de Inglaterra, o el Conde de Arundel, los cuales se los llevaron a Inglaterra). Otra parte de su colección volvió a Milán, con sus herederos. Pero dos de ellos se quedaron en España. Son los conocidos como Codex Madrid I y II.

En el año 1623 un noble español, llamado Don Juan de Espina, pasó a ser propietario de estos dos manuscritos. Los había comprado a Polidoro Calchi, yerno del escultor Pompeo Leoni.

En 1634 el pintor Vicente Carducho afirma haberlos visto. En su obra Diálogos de la pintura escribe: “Allí [en casa de Juan de Espina] vi dos libros, dibujados y manuscritos de mano del gran Leonardo da Vinci, de particular curiosidad y doctrina” y “siempre los estimó sólo dignos de estar en su poder, hasta que después de muerto los heredase el Rey nuestro Señor”. Tras la muerte de Espina, en 1643, el enigmático noble, amigo de Quevedo, dejó su colección al rey de España, entonces Felipe IV, por tanto deberían de hallarse en la Biblioteca Real de Madrid, futura Biblioteca Nacional de España.

Hacia 1830 aparecen registrados en el primer inventario general de la colección general de manuscritos pero con un error en las signaturas. Ambos manuscritos aparecen citados por el bibliotecario mayor de la Real Biblioteca, a principios del siglo XIX: “Vinci, Lionardo da: Tratados de fortificación, estática, mecánica y geometría, escritos al revés y en los años 1491 y 1492”. Desgraciadamente, su signatura era incorrecta (Aa 19 y 20, cuando debía poner Aa 119 y 120).

Ello provocó su pérdida irremediable durante 150 años, hasta que un día, hoy hace 47 años, el doctor Jules Piccus, experto en literatura castellana medieval de la Universidad de Massachussets, los volvió a encontrar de forma inesperada.

Realmente estos manuscritos nunca estuvieron perdidos, simplemente ilocalizados

Uno de los últimos trabajos ha sido la digitalización completa de los Códices Madrid I y II.

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