Goya en Sevilla

Desde el 23 de enero y hasta el 30 de marzo el Museo de Bellas Artes de Sevilla expone dos retratos de Francisco de Goya. Se tratan en concreto de los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma, propiedad de la empresa Altadis S.A.

El artista pintó estos dos lienzos en 1789 con motivo de la primera visita de los  monarcas  a Sevilla. Tras su coronación, el 12 de enero de ese año, muchas ciudades españolas celebraron este acontecimiento con fiestas, cabalgatas y arquitecturas efímeras en las que a veces se exhibían públicamente los retratos de los nuevos reyes.

El 25 de abril de 1789 Goya fue nombrado pintor del Rey, llegando a ser en 1799 el Primer Pintor de Cámara. Fue el artista más demandado por los nuevos monarcas, pintando hasta 18 retratos ese mismo año.

Ambos retratos fueron encargados por la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla y exhibidas en el “Templo de la Fama”, una arquitectura efímera que se erigió delante de la fachada principal de la fábrica creada para engalanar el edificio durante la visita de los reyes. Se trata de uno de los primeros retratos que el pintor realizó al matrimonio real. Las obras transmiten al pueblo la nueva imagen de los monarcas, los cuales son representados con los características regias propias: atributos, vestimenta, insignias, pose…

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– “Carlos IV” 1789. Óleo sobre lienzo. Esta obra manifiesta las características propias de Goya en la realización de retratos oficiales. El monarca porta la casaca de terciopelo rojo y la insignia del Toisón de Oro. También la gran cruz y la banda de la Orden de Carlos III, la de la Orden de San Genaro de Nápoles, de color rojo, y la de la Orden de los Caballeros del Espíritu Santo, de color azul. Otros detalles simbólicos contribuyen a la divulgación de la imagen del nuevo monarca como son el manto real de color púrpura forrado de armiño y la corona, pintados en segundo plano sobre la mesa.

El pintor demuestra una gran capacidad retratística con la perfecta captación psicológica del personaje y en la realización de un rostro cercano, vivaz y abierto al espectador. El retratado posa con naturalidad, aunque se aprecia una aparente rigidez que el pintor resuelve dotando a la obra de cierto movimiento en los cortinajes verdes de vivos reflejos que sirven de fondo a la composición.  Goya también ha representado los rostros del rey y la reina directamente sobre un fondo neutro, lo que hace resaltar aún más si cabe las características físicas de los monarcas.

“María Luisa de Parma” 1789. Óleo sobre lienzo. Goya retrata a la reina manteniendo el mismo esquema compositivo y simbólico que en el retrato de su marido. Está representada con un vestido verde azulado oscuro y un aparatoso tocado transparente de plumas y gasas, que sigue la moda francesa. También la reina presenta símbolos como la Cruz Estrellada de Austria, concedida por la emperatriz María Teresa, que porta sobre el pecho; y la corona, situada en segundo plano. Estos contribuyen a potenciar la imagen oficial de la monarquía.

El pintor demuestra un gran virtuosismo en la representación de las texturas y brillos de los tejidos más vaporosos y de las joyas, resueltos a partir de pinceladas rápidas y empastadas en blanco y amarillo. Este estilo recuerda a Velázquez, pintor que sirvió de inspiración a Goya y que se hace presente en estos retratos, tanto en la composición como en la técnica, ligera y llena de luz.

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