Tal día como hoy…en 1939

Ya hablábamos un día del arqueólogo y egiptólogo británico Howard Carter. Howard Carter nace el 9 de mayo de 1874 en Norfolk (Inglaterra) siendo el menor de once hermanos. Carter se crió en Swaffham (al norte de Norfolk). Y recibió una educación elemental, de forma que su padre, Samuel Carter, que fue un célebre artista se encargó de instruir a su hijo en el mundo del dibujo y la pintura, inculcando la pasión por el arte a su hijo. De esta forma, Howard aprende el oficio de su padre.

Comienza sus trabajos en Egipto en 1891: una sociedad de egiptología inglesa advierte su talento de dibujante y le propone, a los 17 años, marcharse a Egipto. Él cepta y allí comienza a copiar bajorrelieves, aprende a excavar y restaurar los monumentos. En 1899, se convierte finalmente en inspector de Antigüedades, comienza a trabajar para el Servicio de Antigüedades Egipcias, el cual abandonó en 1905 tras una disputa.

Pasará varios años difíciles y en 1908 conoce a Lord Carnarvon, un noble, aficionado a la arqueología y dispuesto a proporcionar los fondos necesarios para continuar el trabajo de Carter, lo contrata para excavar en Tebas y, más tarde, en el Valle de los Reyes.

howard-carter--tutankamon

Tras años de trabajo y búsqueda será finalmente el 4 de noviembre de 1922 cuando los nombres del arqueólogo Howard Carter y de su marchante Lord Carnarvon den la vuelta al mundo con el descubrimiento de la Tumba de Tutankamón. Un faraón hasta entonces apenas conocido, por protagonizar un gobierno reducido en el tiempo, falleciendo a una edad muy temprana. Sin embargo será la primera tumba faraónica que se encuentre inviolada, y los tesoros encontrados en ella infinitos.

Participó en la excavación de Beni Hasan. Posteriormente estuvo bajo la tutela de William FlindersPetrie. En 1931 anunció su intención de buscar en Asia Menor la tumba de Alejandro Magno, pero nunca se llevó a cabo el proyecto. Por sus méritos y hallazgos le fue conferido el doctorado honoris causa en Ciencias por la Universidad de Yale; fue también miembro de honor de la Real Academia de la Historia.

Tras catalogar los numerosos hallazgos, Carter se retiró de la arqueología, convirtiéndose en asesor de coleccionistas y museos, como los de Cleveland o Detroit.

Tal día como hoy, 2 de marzo de 1939 fallece a los 64 años de edad Inglaterra. En esta época se consideraba que había muerto a  avanzada edad, por tanto este hecho refuta la leyenda de la “maldición de los faraones” que se supone recayó sobre el grupo que profanó la tumba de Tutankamón al entrar en ella.

La maldición del faraón es la creencia de que sobre cualquier persona que perturbe la tumba de un faraón del Antiguo Egipto recae una maldición por la que morirá en poco tiempo.

La maldición asociada al descubrimiento de la tumba de Tutankamón es la más famosa en la cultura occidental. Muchos autores niegan que hubiese una maldición escrita, pero otros aseguran que Howard Carter encontró en la antecámara un ostracon de arcilla cuya inscripción decía: «La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón».

De ser cierta la leyenda, quien no se salvó a esta maldición fue el aristócrata Lord Carnarvon. En marzo de 1923, tan sólo cuatro meses después de abrir la tumba, fue picado por un mosquito y poco después se cortó la picadura mientras se afeitaba, causando que la infección se extendiese por todo el cuerpo. Una neumonía atacó mortalmente a Lord Carnarvon, que murió la noche del 4 de abril de 1923. Se cuenta que a la misma hora de su muerte, la perra de Lord Carnarvon, Susie, aulló y cayó fulminada en Londres. Además, cuando Carnarvon murió, en el Cairo tuvo lugar un gran apagón que dejó a oscuras la ciudad, pero momentos después regresó. Pero a la muerte de Lord Carnarvon siguieron más…

Su hermano Audrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente en cuanto volvió a Londres. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, murió en El Cairo poco después, sin ninguna explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. La secretaria de Carter murió de un ataque al corazón, y su padre se suicidó al enterarse de la noticia. Y un profesor canadiense que estudió la tumba con Carter murió de un ataque cerebral al volver a El Cairo.

Al proceder a la autopsia de la momia se encontró que justo donde el mosquito había picado a Lord Carnarvon, Tutankamón tenía una herida. Este hecho disparó aún más la imaginación de los periodistas, que incluso dieron por muertos a los participantes en la autopsia, difundiendo aún más la leyenda. En realidad, excepto el radiólogo, los demás miembros del equipo vivieron durante años sin problemas, incluido el médico principal. El propio descubridor de la tumba, Howard Carter, y el primero en acceder, murió por causas naturales muchos años después.

A principio de la década de los 30, los periódicos atribuían hasta treinta muertes a la maldición del faraón. Y aunque muchas de ellas eran exageraciones, la casualidad parecía insuficiente para explicar las demás.

En las décadas de 1960 y 1970 las piezas del Museo Egipcio de El Cairo se trasladaron a varias exposiciones temporales organizadas en museos europeos. Los directores del museo de entonces murieron poco después de aprobar los traslados, y los periódicos ingleses extendieron de nuevo la leyenda de la maldición sobre algunos accidentes menores que sufrieron los tripulantes del avión que llevó las piezas a Londres.

La última víctima atribuida a la maldición fue Ian McShane: durante la filmación de la película en los años 80 sobre la maldición, su coche se salió de la carretera y se rompió gravemente una de las piernas.

Por último, añadir que, si bien Howard Carter se salvó de esta maldición, su canario fue engullido por una cobra (animal que en el Antiguo Egipto simboliza la protección del faraón) poco después del descubrimiento de la tumba.

La explicación más común a la maldición de los faraones es que fue una creación de la prensa sensacionalista de la época. Una leyenda que crea un halo de misterio en torno al descubrimiento de esta tumba y a la cultura egipcia.

Sin embargo, un estudio mostró que, de las 58 personas que estuvieron presentes cuando la tumba y el sarcófago de Tutankamón fueron abiertos, sólo ocho murieron en los siguientes doce años. Todos los demás vivieron más tiempo, incluido el propio Howard Carter, y el médico que hizo la autopsia a la momia de Tutankamon vivió hasta los 75 años.

Algunos han especulado con que un hongo mortal podría haber crecido en las tumbas cerradas y haber sido liberado cuando se abrieron al aire, pudiendo tratarse de un castigo intencionado a los violadores de tumbas.

Como ya indicábamos, Howard Carter, el principal implicado, murió el 2 de marzo de 1939 a los 64 años, de muerte natural, 17 años después. Su frase preferida cuando le hablaban de la “maldición” era: “Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas”.

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Fue enterrado en el cementerio de Putney Vale, al oeste de Londres. Sobre su propia tumba se escribieron dos frases relacionadas con su pasión egipcia: “Tú que amas Tebas, que tu espíritu viva, que puedas pasar millones de años, sentado con tu rostro hacia el viento del Norte, y los ojos resplandecientes de felicidad” y “Oh, Noche, extiende sobre mí tus alas, como las estrellas imperecederas”.

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