“El jardín de las delicias”: una obra sin fin

“El jardín de las delicias” es una de las obras sobre la que más se ha especulado a lo largo de la Historia. Es una de las pinturas que nos ofrece un mayor número de personajes de la Historia del Arte. En cada milímetro de sus tres paneles encontramos un centenar de personajes humanos y monstruosos, en un mundo irreal que van desde la paz absoluta a la total agonía. La curiosidad que incita por su tipología y el escaso documento que se tiene de ella ha hecho que a lo largo de los siglos se haya especulado sobre el sentido de la obra que vamos a desglosar, para tratar de entenderla de una manera más clara.

El Bosco
El Bosco “El jardín de las delicias” h 1500. Óleo sobre tabla. 220 x 389cm. Museo del Prado.

En el panel de la izquierda observamos el Paraíso, el Jardín del Edén, con un Dios entre Adán y Eva a gran escala, rodeados de magníficos seres que gozan de los bienes del paraíso, de su belleza, de su armonía.

El Bosco
El Bosco “El jardín de las delicias” h 1500. Detalle panel izquierdo.
El Bosco
El Bosco “El jardín de las delicias” h 1500. Detalle panel izquierdo.

Sobre ellos observamos una extraña fuente geométrica de grandes proporciones que otorga gran verticalidad a la composición. Se trata de la Fuente de la Vida de la que fluyen los ríos del paraíso, una fuente que no aparece en el relato bíblico de la Creación, pero que encontramos representada en el arte cristiano a partir del siglo V.

El Bosco
El Bosco “El jardín de las delicias” h 1500. Detalle panel derecho.

En el panel de la derecha, por el contrario, encontramos el infierno en oposición al Jardín del Edén, con imágenes más propias del surrealismo o de un mundo onírico. El Bosco nos abre su mente infinita, plena de seres inverosímiles.

Como se observa en el detalle, nada que nos permita una clara lectura, observamos entre la oscuridad infernal un ser con cabeza de hombre, cuerpo ovular y piernas que más bien son ramas de árboles, conocido como el “hombre-árbol”. También se ha propuesto, sin fundamento claro, que el rostro de el ser podría ser un autorretrato de El Bosco. Sobre la cabeza de éste se apoya un disco por el que circulan unos demonios que guían a sus víctimas, al son de una gaita (instrumento que en ocasiones tiene connotaciones sexuales) tocada en una postura imposible por otro ser demoníaco.

Junto a esta indescifrable escena observamos dos orejas paralelas, atravesadas por una flecha, entre las cuales se asoma un cuchillo, creando una sugerente forma genital. El cuchillo lleva inscrito una letra “M”, como hace en otras obras el mismo autor, para lo cual se han aportado diferentes interpretaciones, una de las cuales sería la inicial de “mundus”, mundo en latín.

El Bosco
El Bosco “El jardín de las delicias” h 1500. Detalle panel derecho

Relativamente reciente es el descubrimiento que llevaron a cabo dos estudiantes de Oklahoma (Estados Unidos) en febrero de 2014. Analizaron una partitura en la tabla derecha del tríptico, sobre un gran libro y sobre el trasero de una figura que se encuentra tumbada boca abajo. Los autores de la investigación transcribieron la partitura, que estaba escrita en notación mensural, a un pentagrama moderno y la introdujeron en un secuenciador que generó una melodía de piano. Así, esta breve y sencilla pieza musical renacentista ha podido ser escuchada cinco siglos después de haber sido ocultada en el genial tríptico de El Bosco.

Anteriormente, el grupo  Atrium Musicae ya se inspiró en está partitura para desarrollar su música . En 1978 publicó “Codex Glvteo”, un disco cuya portada la formaba el detalle concreto del cuadro en el que aparece la partitura, y la propia portada estaba dividida en dos caras: nalga I y nalga II. El resultado es una interesante recuperación de música medieval y renacentista con toques contemporáneos, y mucho humor.

El Bosco
El Bosco “El jardín de las delicias” h 1500. Detalle panel central.

En el panel central encontramos un sinfín de figuras desnudas realizando diferentes actividades en un amplio y rico “jardín” pleno de animales y frutos de tamaños gigantescos. Personajes de diferentes razas comen frutos, en éxtasis, se besan, se tocan, en posturas imposibles, se entrelazan con animales, juegan con ellos…todo esto entre extrañas y geométricas estructuras.

Observamos, por ejemplo, en el centro del panel central un estanque en el que se bañan figuras femeninas de diferentes razas provocando a los hombres que las rodean, tratando de llamar su atención, asociando la mujer con la tentación (como se hace con Eva), por contraposición a esa “Fuente de la Vida”. Alrededor de ellas encontramos una estampida de hombres que cabalgan a lomos de diferentes animales. En la época de El Bosco, y también en la actualidad, el acto de montar podría ser una metáfora del acto sexual.

Más arriba encontramos un grupo de personajes desnudos sentados de forma circular que sostienen, lo que parece ser, una fresa gigante. En el arte la fresa puede considerarse como alusión a la sangre de Cristo y también como metáfora sexual.

Destacar también  la pareja encerrada en un globo de cristal en el lado izquierdo, en probable alusión al refrán flamenco: “La felicidad es como el vidrio, se rompe pronto”.

Otras imágenes que han sido fruto de interpretaciones han sido la mariposa y el cardo que se observan en la zona inferior derecha de este detalle. La mariposa puede hacer alusión a la inconstancia y al cambio o al capricho, y el cardo, puede ser símbolo de la corrupción. Sin embargo, ambos pueden tener asociaciones positivas.

El Bosco
El Bosco “El Jardín de las delicias” h 1500. Detalle panel central.

Sin embargo, encontramos un único personaje que no va desnudo en la esquina inferior derecha de la tabla central. Asoma de una cueva una cabeza con túnica oscura señalando a una mujer como dadora de vida, como la nueva Eva, con un fruto en la mano derecha. Además aparece en un gesto en el que veremos más tarde a Hieronymus Bosch, en el retrato que le hizo años más tarde Dominicus Lampsonius.

En definitiva, un sinfín de detalles dignos de estudio, que se prestan a una infinidad de interpretaciones. El globo de cristal, el huevo y el unicornio son símbolos utilizados en alquimia, y algunos eruditos deducen que Bosch pudo haber sido discípulo de la antigua ciencia.

El Bosco
El Bosco “La creación del mundo” h 1500

Así es el tríptico abierto, pero si plegamos los paneles laterales encontraremos “La creación del mundo”. Representa el tercer día de la creación según El Génesis, en el que Dios crea la Tierra pero aún no hay luz, por lo que ofrece una imagen monocroma. Esto se deduce según las inscripciones que se encuentran en cada tabla: “Él mismo lo dijo y todo fue hecho” y “Él mismo lo ordenó y todo fue creadoGénesis (1:9-13). Una creación del mundo que nos llevará a la creación del hombre, con Adán y Eva en el paraíso en la hoja izquierda, y la posterior decadencia en el infierno en la derecha.

Al tratarse de una obra tan peculiar y siendo tan desconocidas las circunstancias de su creación, son muchas las interpretaciones que se han hecho de la misma. La iconografía y simbolismos de la obra son un misterio, pero la mayoría de estudiosos apuntan hacia la misma dirección a la hora de descifrarla de una manera general: Dios entrega el paraíso al hombre, en la Tierra, y éste, mediante el pecado acaba sumido en los horrores del infierno.

Sin embargo, otros apuestan por una visión opuesta que iría de derecha a izquierda. Se han propuesto teorías como, por ejemplo, que las figuras del panel central podrían ser miembros de una oscura secta conocida como “Los hermanos del espíritu libre” o “adamitas” que perseguían la regeneración del ser humano y que practicaban la promiscuidad ritual con el objetivo de recuperar la antigua inocencia de Adán y Eva (representados en el panel izquierdo), celebrando sus ritos desnudos y en cavernas (como puede verse en algunas representaciones del cuadro). El Bosco había pertenecido a esta secta y, por tanto, la obra más que condenar la lujuria, sería una apología de la misma.

Sin duda una obra que critica el obrar humano, como ya había reflejado anteriormente el artista en la “Mesa de los pecados capitales” o el “Carro de Heno”.

El Bosco
Retrato de El Bosco. Dominicus Lampsonius. h 1500

A esto hay que añadir que se conoce poco del artista y que éste ha creado unas de las obras más enigmáticas y desconcertantes de la Historia del Arte. Es el único cuadro de El Bosco que no está firmado, de hecho la obra está documentada por primera vez en 1517, al año siguiente de la muerte de El Bosco, creyendo que estaba en Bruselas, en el palacio del conde Enrique III de Nassau. Más tarde será adquirida en la almoneda del prior don Fernando, hijo natural del gran duque de Alba, por Felipe II, que la llevó a El Escorial en 1593. Desde 1939 pasó a ser depósito del Patrimonio Nacional en el Museo del Prado.

En esta época era muy común la elaboración de trípticos para iglesias, pero por la peculiaridad de éste se cree que fue creado para un mecenas privado. A falta de pruebas en contra se presupone que los posibles mecenas serían Enrique o algún pariente suyo.

Por la visión del mundo que nos ofrece y por lo poco que se conoce del artista, es una figura que nos sigue intrigando hoy en día, por lo que se ha especulado mucho sobre su persona y sus obras. Sí sabemos con certeza que Hieronymus Bosch, más conocido como “El Bosco”, nace en ‘s-Hertogenbosch (que más tarde pasa a llamarse Bois-le-Duc), localidad de la que recibe el nombre, actualmente al sur de Holanda, frontera con Bélgica. La fecha exacta de su nacimiento se ha perdido, aunque se deduce que debió ser a mediados del siglo XV. Es en esta ciudad donde pasa la mayor parte de su vida, en tiempos de El Bosco encontrábamos una ciudad en el ducado de Brabante con un destacable centro cultural. El Bosco fue el pintor más destacado de su tiempo en la zona y por tanto muy demandado, también en países como Italia y España.

No se han encontrado cartas ni otros escritos del autor, ni se conservan testimonios de personas que lo conocieran. Aunque sí existen muchos documentos contemporáneos a él conservados sobre todo en los archivos municipales de ‘s-Hertogenbosch, que nos aportan información sobre su vida, pero no sobre su personalidad. Todo parece indicar que El Bosco fue un miembro respetado de la sociedad y de ideas convencionales. Es decir, que los elementos de su obra que nos resultan más extraños son, muy posiblemente, un reflejo de la cultura popular de su tiempo (la cual no conocemos con totalidad o nos puede sorprender).

Su obra siguió admirándose e influyendo a diferentes artistas a lo largo del siglo XVI, pero siendo olvidada en los siglos venideros, hasta que resurgió un gran interés hacia él hacia 1900.

Sin embargo, y aunque no podemos definir con certeza cuál fue la verdadera intención del artista al ofrecernos esta obra, su originalidad sobrepasa el mundo en el que vive, pudiendo hablar en algunos casos de un hombre adelantado a su tiempo, con una visión moderna y avanzada de la realidad, que interpreta la misma de una manera muy innovadora.

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